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Ignacio Hernández, un sonido y una escuela
El acordeón chileno no se olvida
Temprano cultor del acordeón cuequero, iniciador de conjuntos como Los Santiaguinos, Las Capitalinas y Santiago Urbano, estudioso del instrumento y de su alcance melódico más allá de la cueca, animador de un aplaudido concierto con grandes acordeonistas del mundo y fundador de la primera escuela de acordeón en Chile. Ignacio Hernández no se detiene. Su disco A contramano es apenas un marcador de página en la historia personal que está escribiendo alrededor de esta máquina musical tan compleja y genial.

Iñigo Díaz | fotos: Sello Azul


"Por su ringtone los conocerás", dice un nuevo adagio de la era de la conectividad total. En el teléfono personal de Ignacio Hernández suena una melodía de acordeón que se llama "Indifférence", cuyo autor es Tony Murena, maestro del vals mussette que viene desde los restaurantes populares de domingo por la tarde en Francia. Es un virtuoso del acordeón y del bandoneón, nacido en 1917 y muerto en 1970, lo que significa mayor asunto si no anotamos que el chileno Ignacio Hernández es un estudioso del acordeón y que en su primer disco solista grabó esta pieza de manera fresca y magistral.
 
El disco se llama A contramano (2009), que puede ser otra forma de decir "síncopa", o acentos cruzados en cierto tipo de música magnética de escuchar. El acordeón es un instrumento perfecto para estas aventuras. En ese álbum Ignacio Hernández (n. 1978) se "peinó" tocando su magnífico instrumento italiano y recorrió parte de una historia que permanece oculta a través de un sonido que cada auditor en este planeta es capaz de reconocer y de asignar al acordeón. Ese mismo vals de Murena como "Indifférence", un hot jazz propio como "Adiós Rabanito", un ritmo norteamericano como "Dizzy fingers", un tango como "Tango uno" o un pasodoble como "España cañí". Las posibilidades del acordeón son muchas, por no decir todas.




–El piano y la guitarra son instrumentos solistas, pero el acordeón también funciona súper bien. Tienes la armonía, tienes los bajos, tienes la melodía y tienes el ritmo. Pero lo bonito del acordeón es que tiene un fuelle, con unas lengüetas metálicas como la armónica. Si le das más aire suena más fuerte y si le quitas, suena más bajo. Son como los pulmones que le dan vida al sonido. El acordeonista siempre puede matizar la música –señala Hernández mientras reduce el volumen de la "Indifférence" que suena en el teléfono móvil.
 
Este fin de semana recién pasado este músico sambernardino inició uno de los proyectos más ambiciosos en su historia desde que comenzó a tocar todo tipo de instrumentos cuando era niño hasta rematar en el acordeón. El sábado 3 de abril comenzaron las clases en la Eprac, que es la sigla de Escuela Profesional de Acordeón, instalada en el centro neurálgico de San Bernardo, en Arturo Prat con Maipú, a dos cuadras de su plaza mayor. "San Bernardo va a ser un punto de referencia de los acordeonistas, porque nunca ha habido una escuela que enseñe el instrumento y muchos de mis alumnos son de allá".
 
–¿No existe otro lugar en Chile donde se toque el acordeón?
–En la zona de Aysén hay muchos cultores, que están influenciados por una música que viene desde Argentina y que se llama chamamé. En Aysén hay muchos viejitos de campo que son acordeonistas de botones, o sea un instrumento que le llaman "cuncuna" o "acordeón verdulera". Hay una cultura muy fuerte y muy potente de acordeón, uno va por las calles y escucha acordeón por todas las casas. Yo he dado conciertos de acordeón piano, que es el acordeón más grande y a la gente les encanta, las salas se repletan.




–¿Y existe una tradición de acordeón chileno?
–Está el cachimbo del norte y está toda la música chilota con acordeón, el vals, la pericona, la seguidilla. Todos se tocan con acordeones verduleros. La tradición llegó más que nada a la cueca.
 
–¿La cueca es un primer paso?
–Más o menos, porque la cueca es súper difícil de tocar. Yo le escribí unas líneas de cueca a mi profesor italiano de acordeón y le costaba mucho porque no es nada de fácil. Claro, él podía tocarla, pero no la tocaba con el espíritu, la tocaba súper plana.
 
–La cueca está también en tus inicios. Tú trabajaste con Las Capitalinas.
–Yo formé dos grupos de cueca en San Bernardo y primero fueron Los Santiaguinos. Tenía 19 años y estaba estudiando piano en la Escuela Moderna de Música y también tocaba en el grupo folclórico Los Chenitas de San Bernardo, un grupo infantil que ahora cumple 45 años. Ahí me vio tocar Héctor Pavez Pizarro (hijo de los históricos folcloristas Gabriela Pizarro y Héctor Pavez, ver una entrevista acá) y le gusté mucho. Empecé a tocar con él y nos fuimos a Inglaterra a grabar un disco. Además de tocar acordeón yo tocaba la mandolina, el charango, el arpa, el tiple, la bandurria. Instrumento que había yo lo tocaba. Y de hecho el acordeón fue el último instrumento que aprendí. Songs and dances from Chile lo grabamos en Inglaterra (en 1997), pero estuvimos viviendo un tiempo antes en Francia y Francia es un país de acordeones.




–¿Pero y la cueca?
–Es que a la vuelta armé Los Santiaguinos, con uno de los músicos de Héctor Pavez, que era de Los Santiaguinos. Yo quise armar algo inspirado en el grupo Altamar, donde el acordeonista era el director, pero tenía que ser una cosa diferente, con composiciones nuevas, arreglos nuevos, algo que no fuera una simple copia. Los Santiaguinos partieron en una reunión en San Bernardo en 1998. Después, en 2001, armé Las Capitalinas. Siempre estaba tratando de hacer cosas diferentes y se me ocurrió montar un grupo femenino: "qué lindo sería una niña bonita estuviera cantando y tocando la guitarra y otra niña bonita estuviera en la batería". Ese grupo también se armó espontáneamente.
 
–Santiaguinos y Capitalinas… ¿Es cueca pura de esta ciudad?
–En ese tiempo estaba muy de moda la cueca porteña. Por ejemplo, Los Afuerinos y Altamar, que eran de Santiago, cantaban puras cuecas porteñas. Yo quería hacer una cueca que tuviera que ver con la ciudad. La cueca porteña tiene mucho de bohemia, pero en Santiago también hay mucha bohemia. Y en esa época nadie le estaba cantando a Santiago. Todos le cantaban a Valparaíso.
 
–¿O sea que fuiste un precursor?
–¿En ese tiempo...? Yo creo que sí. Nosotros componíamos cuecas con temáticas santiaguinas. Sacábamos la idea de los cuequeros porteños: si ellos hablaban del Mercado Cardonal, entonces acá yo voy a meter letras de lugares de Santiago como el Matadero Lo Valledor, la Estación Mapocho, la Estación Central.
 
–Pero esas temáticas ya existían con los cuequeros antiguos, con Los Chileneros.
–Pero ellos nunca nombraban tanto a Santiago. Nosotros empezamos a meterle imágenes directas para tratar de crear una cultura de la cueca de esta ciudad. Había poca gente que le gustaba la cueca en ese tiempo. Ahora está lleno de fanáticos.
 
–¿Entonces resultó o no?
–Espérate. Pocos saben que yo le puse el nombre de "cueca urbana" a la cueca que ahora se escucha en Santiago. Los Chileneros con Nano Nuñez tocaban la que se conocía como "cueca brava" y los hermanos Parra tocaban la "cueca chora". Después salieron la "cueca porteña" y la "cueca capitalina", pero todavía no existía el movimiento que se empezó a generar después. Yo les dije a Los Santiaguinos que había que inventar un término que agrupara todo y así salió "cueca urbana", porque allí tú reúnes a los del puerto, a los bravos, a los choros. ¿Qué hacemos? Tenemos que potenciar el término, que la gente termine hablando de la "cueca urbana". Por eso uno de los primeros discos de Los Santiaguinos se llamó Cueca urbana (2001).
 
–¿Ese término es creación tuya?
–Claro. Y además es bastante lógico, porque es una cueca de la ciudad, no del campo. El término "cueca urbana" lo propuse en esa primera reunión con Los Santiaguinos y ahora todo el mundo habla de "cueca urbana", por lo tanto creo que resultó.




–El acordeón parece un instrumento muy espectacular...
–Pero el problema es que como en Chile el acordeón no es tan masivo, no existen buenos instrumentos. Yo conozco todo el circuito y no debe haber más de cinco acordeones buenos y dos espectaculares, que son instrumentos que yo me traje de Italia. En Chile la gente malacostumbró el oído. Hay acordeones alemanes que toda la gente cree que son buenos y no son tan buenos. Tienen un sonido súper estridente. La gente que toca acordeón ya está acostumbrada a esos instrumentos y que suenen de esa forma. Cuando te encuentras con un instrumento bueno, el cambio es increíble. La fábrica más conocida del mundo es italiana, Scandalli. Yo me traje dos de esta fábrica y es lo mejor del mundo. Tú notas la diferencia a kilómetros, el sonido es mucho más compacto y la afinación es perfecta. Con eso y con una buena amplificación puedes hacer un concierto solista de todas maneras.
 
–¿Estás endorsado por Scandalli?
–No, yo me la compré por las mías no más, pero quedé como el representante acá y voy a hacer la persona que va a vender estos acordeones. Pero atención, para que te hagas una idea: un acordeón de esos vale entre cuatro y doce millones de pesos. Claro que también hay otros acordeones de esta fábrica que son mucho más baratos. Es como comprar un violín de excelente fabricación.

–Sabemos que es un instrumento de la música popular. ¿Existe una música de cámara escrita para acordeón?
–Claro que sí, existen grandes conservatorios en el mundo donde enseñan música clásica para acordeón y suena espectacular. Yo soy profesor del conservatorio de la Universidad de Chile, donde están todos los músicos clásicos: los maestros de violín, los maestros de guitarra clásica, los maestros de composición. Cuando llegué allí les mandé un email a todos mis colegas diciéndoles "quiero que sepan que el acordeón no solamente es un instrumento popular, también es clásico". Y les mandé unos links con acordeonistas clásicos como Richard Galliano. Todos quedaron impresionados.
 
–¿Desde cuándo se empezó a escribir música para acordeón?
–El acordeón es un instrumento bastante nuevo, nació en 1829. No es como el piano que tiene siglos de existencia. Entonces las fábricas aparecieron en 1850, la Scandalli italiana o la Hohner alemana. Y los grandes compositores empiezan a escribir conciertos para acordeón y orquesta aproximadamente en el 1900. Pietro Deiro, por ejemplo. Hizo música para acordeón y orquesta, pero también para acordeón solista. En Chile uno está acostumbrado a escuchar el acordeón en la cueca, en la música chilota, en la música mexicana, en el tango, pero también existe música clásica para acordeón.




–Tú grabaste un disco que es de acordeón, pero no sólo con cueca sino con muchas músicas distintas: vals, swing, música francesa. Diste un paso más allá como acordeonista.
–Cuando yo aprendí a tocar el acordeón, aprendí sólo. Escuchando música y copiando. Nunca tuve un maestro. Cuando estaba en el colegio nunca supe cómo encontrarme con alguien como Hernán Bahamondes (ver recuadro). Todos los instrumentos que yo tocaba eran fáciles, pero el acordeón era algo natural. Yo estaba acordeón todo el día, hasta iba al baño con el acordeón. Escuchaba un disco de Rabanito (ver recuadro) y me volvía loco. En un momento dije "cómo no va a haber un profesor en Chile". En el Conservatorio de la Chile no había, en la Escuela Moderna tampoco, no existía en ningún lado. Y un día vi un aviso en el diario donde un señor decía que hacía clases. Lo llamé al tiro. Era Hugo Rivera Celis. Conversamos como siete horas, sin tocar. Yo le pedía que me dijera las diferencias entre la cueca chilota, la cueca nortina, la cueca huasa. Él no es profesor de acordeón, es una persona que sabe mucho. Tiene muchos discos, muchos acordeones, muchos libros. Fue un maestro, aunque no me enseñara a tocarlo.

–¿Te instruyó en toda la otra música?
–Claro. Me decía "tienes buenos dedos". Nadie me había dicho eso. Y me decía "tienes que escuchar el vals mussette, música norteamericana en acordeón, jazz, música francesa". Pero yo estaba cegado con la cueca. Después, cuando me fui a Europa, me encontré mucha de esa música, empecé a agudizar el oído y me empezó a gustar mucho. Encontraba discos preciosos de acordeón con pasodoble o de tangos y ahí me empecé a meterme en el acordeón más melódico. Y la gente siempre me preguntaba por qué  qué no grababa un disco. Yo vine a grabar recién a los 29 años. Y ahora cada dos años voy a hacer más discos de acordeón.

–Ese repertorio no se acaba nunca porque es histórico. En A contramano casi no hay música original.
–Sólo está "Adiós Rabanito", que la hice como homenaje al maestro (ver recuadro). En este momento yo soy un intérprete de acordeón. La etapa de composición va a venir. Quizás no está ni tan lejana. Hay que centrarse, sentarse y comenzar a escribir. Eso es otra cosa.
 
–¿A contramano cierra una etapa como acordeonista o anuncia la que viene?
–Yo diría que abre una etapa. Me parece que los grupos de cueca que formamos, Los Santiaguinos o Las Capitalinas, son esa primera etapa de tocar mucha cueca con acordeón. Yo igual sigo en eso porque me encanta la cueca. Siempre me llaman para tocar y para grabar, como "La cueca del Bicentenario", de Leo García, o el disco de Patricia Maldonado (Canto por Chile, 2009). Qué ganas de tener un lotecito de cuequeros y entonces ir a tocar cuecas por ahí. Pero creo que ahora estoy orientado más a un trabajo como solista y como profesor, más centrado en la investigación del acordeón.




–Montaste grupos de cuecas, escribiste cuecas nuevas, experimentaste en el acordeón, compraste un acordeón de primer nivel, diste un concierto con acordeonistas extranjeros. Se ve que tienes mucha ansiedad.
–Todo el día tengo ansiedad. Para comer también.
 
–¿Y ahora qué viene?
–La escuela de acordeón en San Bernardo. Yo quiero que esta cuestión se masifique, pero no de una forma equivocada, sin un profesor, sin una guía de estudio, así de paila o pon el dedo que querai no más. Eso está bien porque es la música como se siente. Pero por qué no hacer una escuela bien hecha si están todas las herramientas. Yo soy profesor de educación musical, soy intérprete, tengo esas herramientas, tengo los materiales y los libros. Por eso se me ocurrió armar la escuela. Que la gente que le guste el acordeón tenga la posibilidad de aprenderlo pero no sólo a tocarlo. Que también aprenda armonía, teoría, solfeo, historia.
 
–¿Va a ser una escuela como una universidad?
–No, es una escuela de acordeón pequeña. Tiene dos opciones: uno es un curso profesional de tres años donde aprendes historia y armonía. Yo voy a ser el profesor de acordeón. Cuando terminen el curso podrán hablar con propiedad de los grandes maestros, de las grandes fábricas de acordeones, de cómo se construye un instrumento. El otro curso es un curso libre, para la gente que le gusta tocar el acordeón en familia y ahí el alumno ve cuanto quiere durar. Yo tengo un sueño frustrado: cuando entré a la Escuela Moderna quería estudiar acordeón, pero no había. Tuve que estudiar piano. El que quiere estudiar fagot podía hacerlo pero el acordeonista no. Por eso me tuve que ir para afuera para estudiar. Es como un músico quiere estudiar batería, pero no hay y le ofrecen congas, que no es lo mismo pero se parece.
 
–¿Vas a centrarte en la cueca también?
–El año pasado hicimos unos talleres de acordeón en la Municipalidad de San Bernardo y fueron increíbles. Al final hicimos una orquesta de doce acordeones. Ha pasado que los acordeonistas que parten en la cueca luego descubren toda la música distinta que puede haber con su instrumento. Todos los acordeonistas se inician en la cueca, es lógico, pero si se llegan a topar conmigo cagaron: van a cachar todas las posibilidades que tienen para tocar.
 
www.eprac.cl
www.ignaciohernandez.cl

 

Pasó un buen tiempo antes de que Óscar Olivares (foto 1), el acordeonista de dúo cómico y folclórico Los Perlas, se aventurara a tomar una cueca y transferirla al acordeón. Según los registros que maneja Ignacio Hernández, él fue el primero que grabó en un disco un acordeón tocando música chilena.

–Olivares era pianista de conservatorio pero fue él quien grabó por primera vez una cueca utilizando un acordeón. Después de eso empezaron a aparecer otros acordeonistas chilenos como Segundo Zamora, el Guatón Zamora (foto 2), autor de "Adió, Santiago querido". Él empieza a meterle más cositas a la música con el acordeón. Entonces ahí los acordeonistas empiezan a atreverse a tocar cuecas de una manera muy básica, porque no existía una escuela donde la gente aprendiera acordeón formalmente. Todo lo que aprendían era de oído: escuchaban y tocaban –dice Hernández.
 
Los mismos apuntes de este estudioso del acordeón describen luego las apariciones de Leticia Albarracín, la hija del compositor Calatambo Albarracín que grabó los primeros cachimbos nortinos con acordeón. Pero dos grandes acordeonistas de la cueca y la bohemia capitalina aparecen también tras Zamora. "Grabaron casi la totalidad de las cuecas que hubo en discos en esos tiempos”, dice Hernández cuando mide las dimensiones de Hernán Bahamondes, uno de los sobrevivientes de esos tiempos, y Rafael Rabanito Berríos (foto 3), quien grabó discos junto al Ángel Parra Trío y falleció en 2005.

–Si EMI Odeon necesitaba un acordeonista para grabar con Silva Infantas y Los Cóndores, los llamaba a ellos. A Bahamondes o a Berríos. No había otro. A partir de esos discos los acordeonistas posteriores como Luis Ponce, de Los Afuerinos, o Víctor Campusano, de Altamar, siguieron escuchando. Y así ha seguido hasta estos tiempos. Todos aprendemos y copiamos sus introducciones y les ponemos de nuestra cosecha. Casi todos los grupo de cueca de ahora tienen acordeón, hay muchos acordeonistas que siempre han estado incentivados por los grandes acordeonistas antiguos.